Juan Cartaya Baños y Manuel Jesús Roldán Salgueiro ofrecen una mirada rigurosa y accesible al mayor templo gótico del mundo, combinando investigación sólida y vocación divulgativa

«Una montaña hueca, un valle invertido: Notre-Dame de París se pasearía con la cabeza alta en la nave del centro». Así describía el poeta y novelista francés Théophile Gautier a Santa María de la Sede en Voyage en Espagne (1843). Y no le faltaba razón porque la Catedral de Sevilla posee casi el doble de superficie que la de París, siendo el templo gótico más grande del mundo y uno de los templos cristianos más extensos.

Dada su insondable riqueza, no son pocos los libros que se han escrito sobre ella. Ya en el siglo XVI, Luis de Peraza, en su Historia de Sevilla, aludía al templo como “obra tan suntuosa y grande que espanta y admira a los que la ven”, subrayando tanto su escala como el asombro que provocaba. Poco después, Rodrigo Caro, en sus Antigüedades y principado de la ilustrísima ciudad de Sevilla, ponderaba la fábrica catedralicia como culminación de la ciudad cristiana, heredera y superadora del pasado islámico.

En el Siglo de Oro, Francisco Pacheco, suegro y maestro de Velázquez, no solo frecuentó sus capillas sino que dejó constancia del programa iconográfico y del esplendor del retablo mayor, al que consideraba empresa digna de la mayor cristiandad. Y Ortiz de Zúñiga, en sus Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, recogía con orgullo la sentencia atribuida a los canónigos del siglo XV: edificar un templo «tan grande que los que lo vieren nos tengan por locos», frase que ha pasado a la historia como síntesis perfecta del espíritu que la levantó.

Manual para el estudioso y guía para el neófito

Sobre la joya hispalense han escrito nombres imprescindibles como Manuel Ferrand, Teodoro Falcón, Enrique Valdivieso o Carlos Ros, cada uno desde su especialidad y aportando una mirada experta y complementaria. En las últimas décadas se han sumado, además, investigadores de la talla de Antonio Almagro Gorbea, Salvador Hernández González o Alfonso Jiménez Martín, ampliando y afinando el conocimiento sobre el templo.

El trabajo que ahora nos ocupa bebe de todos ellos y de muchos otros, pero no se limita a compendiar: propone una lectura propia, articulada y actual. Nos referimos a La Catedral de Sevilla, de Juan Cartaya Baños y Manuel Jesús Roldán Salgueiro, una obra que dialoga con la tradición historiográfica al tiempo que ofrece una voz reconocible y personal.

Dicen que un buen ensayo de investigación se mide por su bibliografía, y la de este libro recién publicado por la editorial Almuzara es rica y diversa. Pero más allá de esto, La Catedral de Sevilla posee la vitud de ser manual para el estudioso y guía para el neófito al mismo tiempo; o lo que es lo mismo, su rigor no abruma sino que respalda un discurso ágil y didáctico para todo tipo de lectores.

Especialización y claridad expositiva

Juan Cartaya, historiador y académico correspondiente de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, ha centrado buena parte de su labor investigadora en la historia social y cultural de Sevilla, con especial atención a la religiosidad y a las instituciones urbanas. Manuel Jesús Roldán, profesor, divulgador y prolífico autor de obras sobre el patrimonio hispalense, posee una larga trayectoria dedicada a hacer accesible la historia combinando precisión documental y capacidad narrativa, cualidad esencial cuando se aborda un monumento que es, a la vez, archivo, museo, espacio litúrgico y símbolo ciudadano.

En La Catedral de Sevilla, ambos conjugan especialización y claridad expositiva. El resultado es un volumen que no se limita a inventariar capillas o enumerar fechas a lo largo de 357 páginas, sino que explica procesos: cómo se decidió levantar el mayor templo gótico del orbe, cómo se transformó la antigua mezquita almohade, cómo dialogaron los maestros mayores con las corrientes artísticas europeas, cómo se forjó el tesoro artístico que hoy admiramos.

«La Meca del asombro»

La obra arranca con un prólogo titulado Locus Sacrum, donde se explica qué es un lugar sagrado y cómo el ser humano necesita de ellos, y concluye con una reflexión en la que se cita a Eugenio Nöel y sus «peregrinos de la Meca del asombro». En medio tenemos un bellísimo recorrido que comienza en la Puerta del Príncipe y continúa por espacios únicos como la capilla de la Virgen de la Antigua, la Sacristía, el Coro o la Capilla Mayor.

Ni que decir tiene que todos los capítulos aparecen generosamente acompañados de imágenes —muchas de ellas a color— cedidas por los propios autores o por reconocidos profesionales de la fotografía como Diego Delso, José Luis Filpo y Antonio Sánchez Carrasco, cuyas instantáneas no se limitan a ilustrar, sino que dialogan con el texto y amplían la experiencia del lector.

En suma, con esta publicación excelentemente editada por Rosa García Perea y con la impoluta maquetación de Miguel Andréu, Almuzara vuelve a confirmar su firme compromiso con el arte y la cultura españolas, patrimonio que nace en lo local pero pertenece, por derecho propio, al disfrute del mundo.