Pese a vender 50 millones de copias en todo el mundo, ser traducida a 43 idiomas y lanzar a la fama a su autor, el italiano Umberto Eco, «El nombre de la rosa» es conocida popularmente por su adaptación al cine, en una coproducción de Italia, Francia y Alemania que fue dirigida por Jean-Jacques Annaud en 1986. ¿Le gustaría conocer los secretos de su rodaje?

El director francés Jean-Jacques Annaud supo de la novela «El nombre de la rosa» mientras leía un artículo del periódico Le Monde. El título de la misma remite a una expresión medieval según la cual, «la rosa, aunque esté ausente o no haya existido jamás, subsiste en el lenguaje». Lo primero que le llamó la atención es que trataba sobre un libro perdido atribuido a Aristóteles, autor por el que Annaud sentía predilección, así como por la lengua en la que estaba escrito, el griego antiguo. Por ello le pidió a su agente que le consiguiera una copia, siendo el primero que la leyó en francés incluso antes de ser publicada en su país (el editor de Grasset le envió unas fotocopias de la traducción). De la novela le sorprendió la trama policíaca, el debate entre franciscanos y benedictinos, el temor de Dios y la prohibición de acceder al conocimiento. Y pese a su educación laica, le fascinó la recreación de la vida monástica medieval. Al saber que la RAI había comprado los derechos para llevar «El nombre de la rosa» al cine, el realizador se presentó en Italia y se ofreció a dirigirla. Era 1982, y para ello, Annaud hubo de abandonar la escritura del guion de «El oso» y ponerse a trabajar en la novela de Eco.

Para hallar el tono policíaco adecuado, Jean-Jacques Annaud revisó las entrevistas que François Truffaut había realizado a Alfred Hitchcock, y visionó decenas de películas del género. En total emplearía un año investigando, antes de ponerse a escribir. Una vez resumidas las 550 páginas de «El nombre de la rosa» en un borrador de 150 que contenía las claves del film, Annaud contactó con el guionista Alain Godard, para que colaborase en la redacción del guion. Al hablar con Umberto Eco sobre la posibilidad de intervenir en la adaptación, este le explicó que su novela era un trabajo acabado, y que la película sería una «interpretación libre» de la misma, pero que estaba convencido de que sería un éxito. Sin embargo el veterano productor francés Alexandre Mnouchkine, al conocer el proyecto de Annaud durante un encuentro de ambos en los Campos Elíseos, le espetó que estaba loco, y le vaticinó que fracasaría.

Tras la novena versión de guion de Alain Godard, Annaud le dijo que debían comenzar de nuevo, y el guionista exclamó: «¿Esto no se va a acabar nunca?», curiosamente la misma frase que el franciscano Ubertino da Casale pronuncia en la obra de Umberto Eco. En marzo de 1983, Annaud se entrevistó con 30 guionistas especializados en tema policíaco, entre ellos David Mamet. Finalmente optó por Gérard Brach, quien revisaría de nuevo el guion y daría forma a los personajes. Concluido el guion en francés tuvieron que traducirlo al inglés con ayuda de Howard Franklin. Y es que la condición que puso Eco para llevar su novela al cine es que se rodase en este idioma: «el latín del siglo XX».

Andrew Birkin participó en dos nuevas versiones del guión (la 13 y la 14) a petición de los productores (como curiosidad, Birkin hizo un cameo en la película). Finalmente rodarían la versión 17 que remató el propio Annaud. Para crear a los personajes, el francés se basó en el «feísmo» y la ironía del pintor y grabador Pieter Brueghel el Viejo y en la imaginación diabólica de El Bosco. Jean-Jacques Annaud contó con el asesoramiento del historiador Jacques Le Goff, quien reunió a un equipo de diez especialistas en la Edad Media (desde vestuario a jerarquía monástica, pasando por armas o vehículos de transporte). Como curiosidad, todos los manuscritos que aparecen en la película están pintados a mano por monjes de la abadía italiana de Praglia, siguiendo las técnicas medievales. La esposa del director sirvió de enlace con los especialistas. Antes, Annaud viajó por el mundo entero en busca de financiación para su película. Al ser de época (se ambienta en 1327) y tenerse que rodar en un monasterio, el presupuesto se disparaba.

El productor original de la película, Gèrard Lebovici, apareció asesinado en París en marzo de 1984. Aún hoy, su muerte se considera un enigma. Por esa razón acabaron recurriendo a Alexandre Mnouchkine (aquel que tachó de loco a Annaud por embarcarse en el proyecto). Annaud visitó casi todos los monasterios medievales de Italia, Francia y Austria (en torno a 300), incluida la abadía de Melk de donde procedía el personaje de Adso. Por su aspecto y logística, finalmente optaron por el monasterio cisterciense de Eberbach (siglo XII) ubicado en el distrito alemán de Eltville am Rhein. En la película, el dormitorio de los monjes sirvió para recrear el «scriptorium» donde trabajaban los monjes copistas, mientras que el antiguo hospital fue convertido en refectorio. En cuanto a la escena del tribunal, esta se rodó en el sótano de Eberbach.

Tanto la torre octogonal como el pórtico románico con escenas del Apocalipsis, el establo, la pocilga y otros elementos exteriores los diseñó en Francia el decorador Jacques Saulnier. Al ser demasiado caros, fueron rediseñados y construidos por Dante Ferretti en los míticos estudios Cinecittà de Roma. El artista italiano los llevó a cabo por la mitad de precio que su colega francés. Al tener que recrear la abadía al completo (Eco se inspiró en la piamontesa Sacra di San Michele), los decorados se convirtieron en los más grandes construidos en Europa desde los realizados para el film «Cleopatra» de Joseph L. Mankiewicz (1963). Asimismo el laberinto de escaleras de la torre (basado en la obra de Escher) también se construyó en Cinecittà, y hubo que colocarle flechas para que los actores no se cayeran mientras rodaban.

Para ponerse manos a la obra con la producción, Annaud se trasladó a vivir un año a Múnich, ya que la financiación de la película fue posible gracias al interés de los alemanes, quienes coprodujeron la película junto a franceses e italianos. Asimismo, con idea de escoger un reparto original para su película, recorrió Inglaterra y Estados Unidos en busca de actores de teatro cuyos rostros no fuesen populares. Debían tener en torno a 50 años y cierto carisma.

Para interpretar a Guillermo de Baskerville se barajaron nombres como Albert Finney, Richard Harris, Jack Nicholson, Ian McKellen, Paul Newman o Anthony Perkins. Robert de Niro aceptó interpretar el papel protagonista, pero sus diferencias creativas con Annaud hicieron imposible que trabajase en el film. Entre otras rarezas, pretendía introducir una lucha de espadas entre el inquisidor Gui y fray Guillermo. Finalmente se decantaron por Sean Connery, que venía de rodar «Los Inmortales», pese a que no entusiasmaba ni al director ni a Eco, y a que Columbia Pictures rompió el contrato al conocer que dicho actor encarnaría a fray Guillerno. El actor británico convenció a Annaud tras leerle unas líneas del guion con su estilo inimitable. Pese a sus reticencias iniciales, tras ver el resultado final en Munich,  Umberto Eco le confesó a Annaud que el personaje de Guillermo de Baskerville era formidable y que Sean Connery estaba extraordinario.

Para interpretar a los monjes se pensó en actores de prestigio como Jack Palance o Jean Rochefort, aunque finalmente se decantaron por rostros menos conocidos de Francia, Italia y Alemania. Y en cuanto a Salvatore de Monferrate, Annaud recurrió a Ron Perlman, con quien había trabajado en «En busca del fuego», porque el actor italiano Franco Franchi se negó a tonsurarse la cabeza el día antes de comenzar a rodar. Perlman, que hubo de volar desde Estados Unidos y ponerse a las órdenes de Annaud en tiempo récord, hubo de aguantar sesiones de maquillaje de hasta cinco horas para poder dar vida al monje deforme (¡Penitenciagite!).

Para interpretar a Jorge de Burgos (para cuya creación Umberto Eco se inspiró en el escritor Jorge Luis Borges), Annaud pensó en John Huston, pero a causa de sus problemas de salud hubo que desestimarlo. Finalmente escogieron a un figurante de 82 años llamado Fíodor Chaliapin, hijo del famoso tenor del mismo nombre, que bordó su papel. Por su parte, el inquisidor Bernardo Gui, personaje completamente real en la Italia del siglo XIV, fue interpretado por F. Murray Abraham, que había ganado el Oscar por su papel de Salieri en «Amadeus».

El papel de Adso de Melk recayó en un joven de 15 años llamado Christian Slater que, tras actuar en dos series de televisión y debutar en Broadway junto a Dick Van Dyke, obtuvo el papel del novicio al año siguiente de rodar «La leyenda de Billie Jean». En las pruebas, Slater se enamoró perdidamente de la actriz chilena Valentina Vargas, quien aspiraba a conseguir el papel de «La muchacha» en el film. Tanto, que se negó a actuar con otra actriz que no fuese ella. Para solucionarlo, su madre le rogó al director que la contratara.
Por último, el pintor y actor francés Michael Lonsdale encarnó al abad, logrando completar un reparto internacional en el que se combinaban actores de prestigio con rostros desconocidos del séptimo arte.

Para lograr los excelentes claroscuros del film, Annaud recurrió al legendario Tonino Delli Colli, director de fotografía que había trabajado con Sergio Leone, Federico Fellini o Roman Polanski, y que participó en la célebre «La pasión según San Mateo» de Pier Paolo Pasolini. Tras su estreno en 1986, «El nombre de la rosa» obtuvo el César de la Academia Francesa a la mejor película extranjera, y dos premios BAFTA (Mejor Actor para Sean Connery y Mejor Maquillaje para Hasso von Hugo). Asimismo obtuvo 5 Premios David di Donatello y 3 Premios del Cine Alemán. Con un presupuesto de 17,5 millones de dólares, la película recaudó 77,15 en todo el mundo.